Salamanca, destino obligado para todos aquellos amantes de la historia, la cultura y la vida bohemia. Sus calles, plazas, casco histórico y edificaciones te harán viajar en el tiempo, y si te lo propones, podrás hasta sentir el legado de una ciudad en la que cada muro, cada rincón ha sido testigo de toda una historia.
Comenzamos el recorrido por La Plaza Mayor, en mi opinión unas de las plazas sin lugar a dudas más bellas de España. Lugar de encuentro, de reunión, donde bajo el sonido de las campanadas podrás disfrutar del ir y venir de sus transeúntes, de su historia así como de un magnifico estilo barroco y de su decoración testigo del pasar de los años.

Las catedrales de Salamanca, nos referimos a dos edificaciones unidas entre sí por la historia y por la arquitectura. Me refiero a la Catedral Vieja (siglo XII-XIII), y la Catedral Nueva (siglo XVI). Derroche de arquitectura e ingenio, en las que podremos escuchar el susurro tenue de su pasado y perdernos entre sus muros del presente. Si te esfuerzas un poco y dejas atrás el vértigo que podrían generar las alturas podrás subir a la Torre del gallo y disfrutar de unas vistas maravillosas de toda la ciudad.
La Casa de las Conchas, una fachada para no olvidar. Consta de aproximadamente trescientas conchas que revisten con marcada elegancia sus muros. Su construcción data de finales del siglo XV, con un estilo gótico digno de admirar. Actualmente es cede de la Biblioteca Pública de Salamanca y de oficinas de información.
La Universidad de Salamanca destaca sin duda por su historia y su arte. Sitio en el que nos detenemos a contemplar una de las fachadas plateresca más famosas de nuestro país, con el objetivo de encontrar una pequeña rana como augurio de buena suerte, que se encuentra… bueno ya eso lo dejo para que lo averigües tu mismo.
Cuenta la leyenda, que aquel estudiante que la encontraba aprobaba los estudios de forma satisfactoria y se casaba, en el caso de ser casado pues pedía un deseo y se cumplía.
La noche nos trae una ciudad joven, alegre, llena de vida. Nos nutre con su vida cultural y gastronómica, en la que podrás disfrutar de una excelente cena deleitándote con el suave sonido de una guitarra, o de un cantor que con su arte te hará soñar, y por qué no, te hará recordar quiénes somos y de donde venimos.